Embajada de Italia

Embajada de Italia

Clemente Fabres n°1050

El jardín de la Embajada de Italia en Santiago de Chile se extiende sobre más de una hectárea en la comuna de Providencia, constituyendo un oasis verde en medio del entorno urbano. Este espacio, que rodea el edificio histórico de la residencia y sede diplomática italiana, combina valor estético, biodiversidad y memoria histórica, dentro de la sede diplomática.

El edificio que hoy alberga la Embajada de Italia fue construido en la segunda mitad del siglo XIX y perteneció a destacadas familias de la alta sociedad chilena, como los Maira-Morla y los Edwards, antes de ser adquirido por el Estado italiano en 1953. Desde entonces alberga la Residencia del Embajador de Italia y desde el 2 de junio de 1986 es también sede de la Embajada. 

Su jardín ha servido como un espacio para actos protocolares y recepciones oficiales, además de ofrecer un entorno tranquilo que permite disfrutar de su vegetación y de la arquitectura histórica del edificio. El diseño del jardín combina amplias áreas de césped, árboles de gran porte, arbustos en flor, palmeras, setos y árboles frutales provenientes de diversas partes del mundo. La disposición de la vegetación permite un aprovechamiento flexible de los espacios verdes, adecuados tanto para la representación oficial como para la conservación de la biodiversidad. 

Entre los elementos del jardín se encuentra el Olivar de la Memoria, inaugurado el 3 de noviembre de 2014, que alberga un monumento dedicado a Lumi Videla, con el cual se honra a las víctimas de la dictadura chilena y recuerda el compromiso de la diplomacia italiana durante los años más oscuros de la historia de Chile. En los primeros años tras el golpe de Estado de 1973, la Embajada Italiana acogió a más de 700 refugiados, brindando protección a disidentes políticos, sindicalistas y activistas. Este espacio de reflexión en el jardín simboliza la solidaridad, la defensa de los derechos humanos y la importancia de la memoria histórica como fundamento de una sociedad justa.

Recientemente, el jardín ha incorporado un componente ecológico de gran relevancia: la plantación de tres ejemplares de Belloto del Sur, especie endémica y en peligro de extinción, en el marco del proyecto Sitios Seguros para la Conservación (SSC). Estos árboles refuerzan el compromiso de la Embajada con la conservación de la biodiversidad y la protección del patrimonio natural chileno. La elección de esta especie –Beilschmiedia berteroana– rinde homenaje a Carlo Giuseppe Bertero, médico y botánico italiano cuyo trabajo fue fundamental para el estudio de la flora nativa chilena en torno al 1830.

El palacio tiene un estilo neoclásico francés, con una estructura de dos pisos, zócalo y falsa mansarda. El interior conserva detalles originales, como chimeneas de mármol francés, pisos de roble americano, tapices de brocado y una escalera de mármol con baranda de hierro forjado.

Colegio Santa Elena

Colegio Santa Elena

Compañía de Jesús n°2398

A pocos metros de la estación de metro Cumming se encuentra el Colegio Santa Elena, un verdadero oasis en medio de la vorágine de la ciudad.

Apenas se cruzan sus puertas se puede apreciar un hermoso jardín que alberga una gran variedad de plantas, flores y vegetación, entremezcladas con la fauna que coexiste en este espacio paradisíaco.

Su entorno impacta a quien lo visita: en la vereda norte se despliega una vegetación húmeda y frondosa, con hojas de gran tamaño que requieren abundante agua, conviviendo armónicamente con palmeras majestuosas, rosales en plena floración, cardenales y enredaderas que cambian de tono según la estación del año. En primavera, el verde brillante de las hojas asombra y llena de vida cada rincón.

A la vez, la mezcla de aromas embriaga los sentidos: el perfume de las flores anuncia que este jardín está vivo, latiendo al ritmo de la comunidad que transita por sus patios. Quienes entran y salen del colegio se llevan consigo una sensación de paz y calma, difícil de encontrar en medio de la ciudad.

Es un espacio que recuerda que la naturaleza puede estar presente donde menos se lo espera, y que aquí es cuidada con cariño y dedicación.

MAC Quinta Normal

MAC Quinta Normal

Matucana n° 464

Inaugurado en octubre de 2025 en la sede del Museo de Arte Contemporáneo MAC de Quinta Normal, este joven jardín es una novedosa intervención paisajística y museográfica.

El jardín es parte del proyecto “TERRAFORMACIONES. Invocaciones hídricas”, una iniciativa liderada por la Unidad de Educación del Museo de Arte Contemporáneo, EducaMAC. Ha sido creado gracias a un proyecto Ciencia Pública y se centra en los ciclos hídricos en la ciudad. Se caracteriza por unificar el sistema de irrigación de aguas que alimentan el jardín con un sistema de recolección de aguas pluviales, abasteciendo una laguna artificial al centro del patio. 

Este sistema busca “cosechar” la lluvia desde los techos del museo, junto con redistribuir los excedentes de agua en una zona de infiltración, para que éstos se reincorporen a los acuíferos subterráneos. El paisajismo se complementa con un recorrido mediado por museografía interactiva que invita a la exploración sensible de los elementos orgánicos y no orgánicos del jardín.

La iniciativa se inspira en el concepto de ´terraformación` acuñado por el escritor Jack Williamson y amplificado por el astrónomo y divulgador científico Carl Sagan. Este término, que ha sido utilizado por la industria tecnológica civil-militar para describir procesos hipotéticos de intervención en otros planetas con el fin de propiciar las condiciones para la vida, aquí se reinterpreta poéticamente para reflexionar sobre cómo reimaginar y regenerar los ecosistemas terrestres.

Casona de Ignacio Domeyko

Casona de Ignacio Domeyko

Cueto n° 572

Declarada monumento histórico en 2016, la casa de Ignacio Domeyko no solo posee un gran valor histórico y simbólico por quien la habitó y por representar una construcción colonial que perdura desde los inicios del barrio Yungay, sino también cuenta con un hermoso jardín que en algunas ocasiones es abierto al público.

Ignacio Domeyko fue un científico polaco especializado en geología y mineralogía. Llegó a Chile en 1838 para enseñar química y mineralogía en Coquimbo, con el propósito de fomentar el desarrollo minero de la provincia mediante trabajos de campo, incorporación de tecnología y conocimientos científicos. Es reconocido como padre de la mineralogía de Chile. Se destacó también por su contribución a la ciencia y a la educación. Tuvo una participación relevante en la fundación de la Universidad de Chile y fue su rector entre 1867 y 1883.

A mediados del siglo XIX compró en Santiago la casa ubicada en lo que hoy es calle Cueto 572, cuando este era un sector principalmente de chacras y la propiedad ocupaba toda una cuadra. Durante medio siglo habitó ahí con su familia, y hasta el día de hoy la casa es conservada por sus descendientes. 

Hecha de adobe, con planta en L, de muros rojos y cubierta de tejas y muros rojos, la construcción conserva en buen estado las características de la vivienda de estilo colonial, al tiempo que en su interior mantiene el mobiliario y elementos originales que transportan al tiempo de Domeyko. 

En el patio, en tanto, si bien la apariencia actual corresponde a una intervención paisajística de épocas posteriores, también se aprecia un muy bien cuidado jardín con palmeras, araucarias, flor de la pluma, árboles frutales y otras especies. Lo más increíble es que todavía quedan algunos ejemplares de la época en que Domeyko vivió allí, como unos naranjos y el jacarandá. 

Se cuenta que cuando Ignacio Domeyko visitó por última vez Polonia, trajo de allá un saco de tierra y la depositó en el patio de su casa del barrio Yungay.

Con el apoyo del Ministerio de Cultura y Patrimonio Nacional de Polonia, actualmente se ejecuta un proyecto de protección de este patrimonio arquitectónico y cultural, que contempla en 2025 realizar una investigación interdisciplinaria del edificio y su jardín, y una evaluación de la colección, con miras a su preservación a largo plazo.

Casa Quemada

Casa Quemada

Catedral n°2841

Con más de 150 años de historia, una casona de calle Catedral en el Barrio Yungay da testimonio del renacer que experimentó el lugar tras un incendio. Adoptando una nueva identidad como “Casa Quemada”, acogió en sus jardines y en la estructura sobreviviente a actividades artísticas y culturales.  

A pasos de Plaza Libertad, una típica casona chilena -con muros de adobe, techumbre de tejas, corredores y patios interiores- sufrió en 2012 un incendio que destruyó gran parte del inmueble y su entorno. Tras el incendio, estos fueron recuperados por un paisajista y sus amigos artistas, quienes hicieron allí la primera exposición de “Artistas por Yungay”. A partir de esto se desarrolló el proyecto del Centro Cultural Casa Quemada, acogiendo una variedad de actividades, desde exposiciones de arte hasta representaciones teatrales y proyectos de universidades.

Los muros quemados y las cicatrices del incendio se integraron con los jardines, generando un ambiente único que no solo destacaba el arte, sino también la relación entre la naturaleza y la historia del lugar. 

A pesar de que el fuego arrasó con algunas especies vegetales de su primer jardín, con el tiempo volvieron a brotar la camelia, el jazmín, el naranjo y el damasco. También se encuentran ahí palmeras y enredaderas. Un tiempo funcionó aquí un café, del cual quedaron en el lugar sus asientos hechos de palets. También se puede apreciar ahí una escultura hecha con adobe de los muros caídos con el incendio. En las paredes los artistas plasmaron figuras como Bernardo O’Higgins, Gabriela Mistral y otros enigmáticos rostros y ojos. 

Entre el primer y segundo patio hay un salón que sirvió de teatro, mientras que en el jardín trasero hay un invernadero lleno plantas en reproducción. 

Actualmente, el paisajista es quien usa y mantiene la casona, donde desarrolla parte de su producción de jardines verticales. Su oficina ocupa uno de los salones. Como no tiene el techo original, es un espacio muy luminoso donde luce un muro verde con piedras, helechos y una escultura de un rostro.

Hoy, con la casa en venta y su eventual demolición en el horizonte, el jardín se enfrenta a la desaparición junto con el resto de la casa. Este jardín, que logró brotar de las cenizas, permanece como un recordatorio de cómo la vida puede surgir de los lugares más inesperados, incluso después de la devastación.

Palacio Astoreca

Palacio Astoreca

Dieciocho n°121

El Palacio Astoreca, ubicado en la calle Dieciocho, es una joya arquitectónica de principios del siglo XX que refleja el esplendor de la élite salitrera chilena. Su cuidado antejardín armoniza con la belleza de la elegante fachada de este edificio.

Encargado a principios del siglo XX por el empresario salitrero Matías Astoreca Granja al arquitecto Alberto Cruz Montt, el palacio fue concebido como residencia familiar. La familia Astoreca vivió en el palacio entre 1914 y 1918, arrendando luego la propiedad a la embajada de Estados Unidos en Chile, quienes ocuparon el inmueble entre 1918 y 1925. Con la irrupción del salitre sintético se produjo una grave crisis económica, por lo que la familia no pudo seguir haciéndose cargo de la mansión. En 1934, la casa fue vendida a la familia Brown y en el año 1963 fue adquirida por el Colegio de Contadores de Chile.

El palacio tiene un estilo neoclásico francés, con una estructura de dos pisos, zócalo y falsa mansarda. El interior conserva detalles originales, como chimeneas de mármol francés, pisos de roble americano, tapices de brocado y una escalera de mármol con baranda de hierro forjado.

Su fachada principal, retirada de la calle, se confronta con un señorial antejardín, característica distintiva de la “ciudad jardín” que denota el estatus social de la época, a diferencia de los edificios de fachada continua sin antejardín. 

Este hermoso jardín es, por lo tanto, un espacio de bienvenida. Una de sus principales características son sus antiguos rosales con una variedad de colores -rojos, amarillos, blancos, rosados, damasco y fucsia- e incluso rosas trepadoras. Desde principios de los años 80, el cuidado del jardín estuvo a cargo de Alejandro Granifo, y a partir del 2001 su hijo Rigoberto tomó esta responsabilidad, que mantiene hasta hoy. Por ello Rigoberto puede afirmar con certeza que gran parte de las especies tienen mínimo seis décadas, pues ya estaban ahí cuando ellos llegaron, y todo el esfuerzo se ha enfocado en mantener lo más fielmente posible el carácter original del jardín como lo conocieron.

Otras especies presentes son las hortensias, los  laureles, el jazmín amarillo, un árbol de jade y tres camelias de las cuales una está injertada, dando flores de blanco jaspeado abajo y de rosado fuerte arriba en la copa. También destaca en la entrada un gran magnolio que cobija un panal de abejas. Anteriormente el jardín tuvo tres paltos, de los cuales se conserva uno, cuya altura traspasa la del edificio. Las ligustrinas que desde la entrada hacen de cerco para el jardín, más la enredadera que trepa el muro de unos 4 metros ayudando a crear un microclima que contrarresta la radiación actual, completan el cuadro de este jardín. Hoy todos los esfuerzos están puestos en mantener de forma lo más natural este espacio. 

Jardín Biodiverso

Jardín Biodiverso

Nataniel Cox n°405

El Laboratorio Abierto de Biodiversidad Urbana es un espacio gestionado a través del programa “Jardín Biodiverso” de la carrera de Arquitectura del Paisaje de la Universidad Central de Chile, como un aporte a la investigación y a la educación ambiental de estudiantes y comunidades.

En lo que era un terreno eriazo ubicado frente al Parque Almagro -entre las calles Cóndor, Nataniel Cox, Roberto Espinoza y Mencía de los Nidos- desde el año 2019 se implementan prototipos experimentales de vegetación nativa y se realizan actividades de docencia y de sensibilización comunitaria.

El objetivo del programa se ha centrado en profundizar sobre el conocimiento de la flora nativa con valor paisajístico, investigación denominada “Evocaciones al paisaje vegetal de Chile central”, la cual busca aportar con nuevos modelos para la infraestructura verde pública que aumenten los procesos ecológicos, potencien la identidad local y aporten a la adaptación y mitigación del cambio climático a través de soluciones basadas en la naturaleza (SbN).

El jardín se conforma como una aula abierta, un lugar de aprendizaje al aire libre y de fortalecimiento de la educación ambiental desde el reconocimiento y valoración de patrones, procesos y presencias naturales que son parte de nuestros ecosistemas locales. A través del desarrollo de actividades participativas el proyecto busca fortalecer la relación de la universidad con el entorno vinculando a juntas de vecinos y otras organizaciones de la sociedad civil a espacios educativos y de sensibilización medioambiental.

El programa busca expandir los valores paisajísticos del jardín, para habilitar lugares que, además de mejorar las condiciones ambientales de la ciudad y ser refugio para la biodiversidad, sean fuente de conocimiento e identificación para nuestras comunidades. Habilitar más laboratorios y aulas abiertas en los espacios públicos de nuestra infraestructura verde urbana que aporten al fortalecimiento de una cultura medioambiental de niño/as, jóvenes y adultos.

Este sitio fue escogido para llevar a cabo el proyecto “Jardines Eficientes para el espacio público de la Región Metropolitana”, ejecutado por la Universidad Central y apoyado por el Gobierno Regional. Su objetivo fue evaluar diferentes tipos de soluciones vegetales para aportar a la sustentabilidad de las áreas verdes en espacios públicos, considerando aspectos como la eficiencia hídrica, la selección de especies principalmente nativas y la recuperación y mejoramiento del suelo existente. De las observaciones y resultados, sumados a los aportes de expertos y de talleres con municipios, surgió la “Guía de Recomendaciones para Jardines Eficientes en el espacio público en la Región Metropolitana”, disponible online https://jardineseficientes.ucentral.cl

En la actualidad el Laboratorio Abierto de Biodiversidad Urbana, que es visible desde la calle, cuenta con verdaderas praderas y matorrales vegetales nativos que alcanzan su máximo esplendor en primavera y tienen como trasfondo la Iglesia de los Sacramentinos.

© Photo credits Patricio Nieto

Palacio Bruna

Palacio Bruna

Merced n°230

Ubicado junto al parque Forestal, uno de los pulmones verdes del centro de Santiago, el palacio tiene sus propios pulmones, con grandes árboles a su alrededor, palmeras y araucarias entre ellos, y un bien cuidado césped.

El palacio Bruna fue construido como residencia por el empresario salitrero y entonces senador de la República, don Augusto Bruna, entre los años 1916 y 1921, siendo sus arquitectos Julio Bertrand Vidal y Pedro Prado. Pero la familia Bruna no llegó nunca a habitar la mansión, pues debieron venderla a raíz de la crisis del salitre. Vendido al gobierno de Estados Unidos, el palacio se convirtió en la residencia de los embajadores de Estados Unidos desde 1939 a 1962. Asociado al nombre del embajador Claude Bowers, quien vivió ahí 14 años, por un tiempo se le llamó “casa Bowers”. Desde 1962 hasta 1994 fue la sede del Consulado General de Estados Unidos en Chile. En 1995 pasó a la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo, que inició un proceso de restauración. 

El edificio fue declarado Monumento Histórico en 1995. Tiene un estilo histórico-florentino de albañilería de ladrillo reforzado, con tres niveles en su interior, con columnas de gran altura y ventanales. Posee diversas terrazas, con frisos en las fachadas que realzan el cuerpo del edificio. En el interior, el vestíbulo presenta placas de mármol italiano verdes y negras tanto en muros como en las simétricas escalas que llevan al piso superior. 

Cabe señalar que uno de los espacios que contempló el diseño de la residencia era su jardín de invierno, un gran cuerpo curvo que sobresale hacia el oriente, con vitrales de estilo renacentista, a través de los cuales se observaba el jardín exterior. 

Comunidad Club Hípico

Comunidad Club Hípico

Club Hípico n°377

Silencioso, acogedor y profundamente arraigado en la historia de sus habitantes, el jardín del cité Comunidad Club Hípico no solo conserva especies antiguas, sino también la tradición de una vida comunitaria que florece en torno a él.

El origen de este jardín se remonta a la llegada a Santiago de familias alemanas entre las dos guerras mundiales, que conformaron este conjunto de 14 casas dispuestas en torno a un jardín común en forma de “T”, en avenida República entre las calles Gorbea y Grajales.

El jardín conserva especies tradicionales de varias décadas de antigüedad, como hibiscos rojo y rosado, rosales, parras, un palto y un damasco. También destacan las calas, que bordean los senderos, además de matico y fucsias que aportan color y frescura. Muchas de estas plantas nacieron de esquejes conservados y compartidos por los propios vecinos, como el hibisco rojo, originado de una rama rescatada y cultivada con dedicación.

El espacio se reconoce no solo por su vegetación, sino también por sus usos comunitarios. En fiestas patrias, al centro del jardín ondea una gran bandera chilena, y en Navidad, desde la misma estructura, se levanta un árbol iluminado que convierte el cité en un punto de encuentro festivo. La vida del jardín también la animan dos pequeños perritos y numerosos gatos, razón por la cual entre los vecinos se le conoce como “el pasaje de los gatos”.

La historia del lugar también queda plasmada en sus rejas, que en su tiempo fueron parte del bandejón de la Alameda. Cuando en los años 90 se realizaron allí remodelaciones, una vecina las solicitó al alcalde para delimitar los espacios, y este accedió a donárselas.

Las casas, construidas con mezcla de adobe, ladrillo y cemento, se distinguen por sus fachadas en blanco y rojo colonial, y han resistido muy bien los terremotos. Una reciente intervención modernizó el sistema eléctrico e incorporó luminarias solares, que hoy se integran al paisaje gracias al ingenio de los vecinos, quienes reorganizaron plantas altas y calas para disimular los postes.

Patio Dr. Moore

Patio Dr. Moore

Vergara n°99

Desde el encuentro entre las calles Vergara y Dr. Moore, hacia el poniente, se atisba una isla verde tras una balaustrada clásica: un encantador e íntimo patio donde conviven cuatro antejardines de un conjunto de viviendas de dos pisos.

Cada uno de estos jardines tiene sus particularidades: uno destaca por su alta palmera por la cual trepa una enredadera perenne; otro llama la atención por su gran buganvilia y un conjunto de macetas con una diversidad de especies arbustivas y florales; el tercero es habitado por un níspero y un gomero; y el cuarto cuenta con un generoso naranjo. Esta “isla verde” del barrio es utilizada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) como sitio de medición de polinizadores.

Este rincón verde es cuidado con especial esmero por parte de dos de las vecinas: Elsy y Nachla. Cabe destacar que si bien se encuentra en un conjunto de cuatro casas privadas, está abierto todos los días al resto de la comunidad. A juicio de los propietarios de estas casas, la comunidad ha respondido siempre de una manera espectacular al aporte y valor que generan estos jardines para el barrio, respetando el espacio sin arrancar plantas y sin hacer jamás grafitis en las paredes blancas de las viviendas.

Este jardín fue incluido en el proyecto “Jardines de Barrio República” (@jardinesbarriorepública), financiado por el Fondo de Patrimonio Cultural 2020. En esta iniciativa de investigación se buscó reconocer y relevar los jardines públicos del barrio y su aporte en la imagen patrimonial, desde una perspectiva arquitectónica, histórica, social y paisajística dentro de la estructura urbana. Sus autores (Paulina Alvarado, Macarena Núñez, Agustina Hidalgo, Alfonsina Ramírez y Emiliano de la Maza) explican sobre el Barrio República: “podemos encontrar una identidad jardinera fuertemente ligada a una comunidad vecinal, orgullosa de su pasado, pero crítica del presente.

Sus áreas verdes públicas, sus calles arboladas y los jardines de pequeña escala, cuidados y mantenidos por sus habitantes, aparecen hoy como un símbolo de resiliencia frente al abandono institucional, al avance de la sequía, al rápido desarrollo inmobiliario que ha alterado la escala de barrio y, principalmente, a la desaparición de una generación cuidadora de jardines”.

Los investigadores reconocen distintas tipologías de jardines, como plazas, red de platabandas, ejes arbolados, interiores en altura y jardines interiores en cités. Esta última es la tipología con que se identifica el patio de calle Dr. Moore.